002 00 18 Una mañana... Una mañana en la ciudad donde vive el mimo ambulante. El cielo cubierto por doquier de polución. La ría, envenenada y turbia, baja hacia el Cantábrico. Ciudad dormitorio, suburbios, calles bulliciosas, hoteles de abigarrados rótulos, plazas, avenidas... Es Euskadi, país conflictivo, pero ¿quién va a acallar sus mudas peroratas? En pleno apogeo de su representación callejera, sin saber qué más improvisar, da el alto a un coche patrulla de la policía y exige la documentación a sus sorprendidos ocupantes. Los cachea y multa amparado en la impunidad que le ofrece la máscara blanca y risueña de mimo ambulante. El público se ha arremolinado y ve como se lo llevan detenido, o bien escapa tras alguien, camuflándose en sus movimientos, imita cada uno de sus gestos, se para y vuelve cuando el otro se para y vuelve, tan sorprendido como su sorpresa, tan indignado como su indignación. A veces permanece inmóvil y parece de goma, inanimado. A veces es...
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